En los tiempos gozosos de la transición, tiempos venturosos de apertura política y destape anatómico, se decía en los cenáculos patrios que la asignatura pendiente de los españoles era el sexo, tanta era la represión sexual en los plúmbeos años del nacionalcatolicismo y tanta también el hambre padecida.
Hoy, transcurridos ya unos años de democracia oficial, queda aún en España y en Euskadi una importantísima asignatura por aprobar, la asignatura de la violencia terrorista de ETA que algunos persisten en denominar contencioso o conflicto político.
Y esta sociedad, muy digna ella, que cree que esa asignatura la tiene aprobada cum laude desde hace ya tiempo, se ha convertido en evaluadora del proceso, repartidora de aprobados y suspensos y expendedora de diplomas, como si ella no necesitase mejorar ni tuviera nada que aportar para que los suspendidos superen la asignatura que llevan repitiendo desde la transición.
Los suspensos, los cateados, los repetidores, los retrasados son, por supuesto, siempre los de ETA que no terminan de aprender por más que se les dice una y otra vez que así no van a sentarse nunca en el pupitre institucional y que van a seguir castigados mirando a la pared.
Pues bien, ha llegado septiembre y los etarras han sorprendido al claustro mediático presentando en sociedad un trabajo de recuperación en el que afirman que ya llevan unos meses sin armarla en plan ofensivo. Y los evaluadores externos, después de mirar con lupa el texto etarra, han puesto unánimemente la nota: insuficiente, insuficiente, insuficiente. Aunque, a falta de calificación numérica que nos diga si el texto presentado supone un avance, cabría al menos pensar que un insuficiente siempre será mejor que un muy deficiente.
El caso es que quince días después de este examen los suspendidos etarras, presionados acaso por la también suspendida Izquierda Abertzale, se han apresurado a hacer los deberes, presentando un nuevo trabajo en el que, entre épicas metáforas marineras, se manifiestan dispuestos a adentrarse en aguas internacionales y explorar con los mediadores la salida al conflicto..
De nuevo, los evaluadores externos han cogido el lápiz rojo para corregir el nuevo texto. Y de nuevo la calificación académica oficial ha sido unánime: insuficiente. El Gobierno vasco, además, erigido en autoridad académica en la materia, ha hecho una anotación al margen para conocimiento del examinando: ÉTA no va a aprobar hasta que anuncie su autodisolución y entregue las armas
Por su parte, el catedrático Basagoiti, como cabía esperar, ha sido el que ha puesto la nota más baja al examen de ETA: Absolutamente insuficiente. En fin, Mucho me ha hecho pensar qué puede ser eso de un insuficiente absoluto. Tendré que echar mano de nuevo de mis apuntes de metafísica. Porque, si el texto de ETA es absolutamente insuficiente ¿Con qué nota habría que calificar el asesinato?
Pues bien, todo esto me hace temer que, si ETA presentara a examen un nuevo comunicado, la nota esté ya puesta: In suficiente. En dos palabras.
Post scriptum: Una pequeña reflexión hasta completar el número de líneas que habitualmente ocupa este artículo. En la vida ordinaria todos somos evaluadores y evaluados. El homo sapiens es en esencia un homo evaluator –léase evalueitor.
Los columnistas, por ejemplo, nos dedicamos a valorar los acontecimientos más cercanos y, a su vez, somos evaluados por los lectores. En la columna que acabas de leer he tratado de evaluar de alguna forma los últimos comunicados de ETA y las reacciones posteriores. Y a tu vez, vas a poder valorar la oportunidad, el rigor o la mesura de mi columna. Sin embargo, la primera evaluación se hace siempre en la propia redacción, donde se ha comprobado que al texto le faltaban líneas. En una palabra, mi texto también era insuficiente.
Erpin