Según uno esos confidenciales de prensa que son algo más que rumores, el alcalde de Vitoria-Gasteiz, Patxi Lazcoz, se ha visto obligado a decirle a la ministra de Cultura, Doña Ángeles González-Sinde, que Vitoria-Gasteiz y Álava-Araba no son exactamente lo mismo, ya que, al parecer, la ministra, suele confundir la capital vitoriana con la provincia alavesa o la provincia arabarra con la capital gasteiztarra, no sé si me explico.
En fin, hizo bien el señor alcalde en sacar de su error a la señora ministra, ya que un fallo tan elemental de geografía política es un borrón demasiado grave en boca de la principal responsable de la Cultura, aunque no lo suficiente para que fuera sustituida en la remodelación ministerial que ha llevado Zapatero. Como tampoco lo ha sido el correctivo que la canónica ministra ha recibido de la UE por el abusivo canon digital.
Pero no nos desviemos del tema. Porque si el alcalde vitoriano se ha atrevido a reprender, eso sí, amistosamente, a González-Sinde es debido a esa sensibilidad que él tiene en los temas de la capitalidad de Vitoria-Gasteiz, que en su opinión no lo es solo del territorio alavés sino de toda la comunidad vasca. Recordarán seguramente la que se armó, cuando se puso la camiseta reivindicando la capitalidad vasca de Vitoria-Gasteiz. Saltó enseguida Azkuna, como movido por un resorte de bilbainismo compulsivo, y dijo que de capital, nada, que lo único que dice la ley es que Vitoria-Gasteiz es la “sede de los servicios comunes”, lo que debido quizás a la polisemia no sentó nada bien entre los VTV, Vitorianos de Toda la Vida, que somos muy así. Y para colmo vino luego el PNV de Gernika y empezó a decir que “Gernika es la capital sentimental de los vascos”
El caso es que muchos vitorianos, y muchos alaveses también, nos preguntamos de vez en cuando qué coño somos. Lo decía ya Gorka Knörr en la canción Araba cuando decía que Álava era acaso la séptima hija del padre. Y si se mira bien, Álava ha sido siempre cruce de caminos por el que han pasado infinidad de pueblos. Y en cuanto a Vitoria, fue fundada primero por el rey navarro Sancho VI el Sabio y conquistada luego por las tropas castellanas. Mucho después en la guerra civil, Álava se puso del lado de Franco, siendo la única provincia vasca no traidora. Más tarde vino aquel fenómeno extraño y efímero que fue Unidad Alavesa y luego está todo el tema de la inmigración. El caso es que todos estos avatares históricos y geográficos han hecho del alavés un pueblo de identidad volátil.
Sin embargo, hace una fechas creí haber hallado por fin la clave de nuestra identidad. Fue el día en que Zapatero y Urkullu firmaron el acuerdo según el cual el nombre oficial de los territorios vascos será Bizkaia, Gipuzkoa y Álava-Araba. Porque si en los otros dos territorios vascos el acuerdo significaba un cambio ortográfico, en el caso alavés era un signo de puntuación el que mantenía unidas la denominación vasca y castellana, como si fuera el tren Irún-Madrid.
“Eureka” grité: El rasgo definitorio de Álava-Araba reside precisamente en ese guión que une las dos esencias del territorio, el mismo guión que forma Vitoria-Gasteiz, Alegria-Dulantzi, Peñacerrada-Urizarra, Oyon-Oion, Arraia-Maeztu, Arrazua-Ubarrundia o Iruraiz-Gauna. Luego me fijé en los apellidos alaveses, como Fernández de Trocóniz, López de Subijana o Martínez de Sabarte, en los que es la preposición quien une el patronímico castellano y el toponímico vasco.
Ya estaba a punto de escribirle al señor alcalde para que la próxima vez le dijera a González-Sinde que Vitoria-Gasteiz y Araba-Álava tenían muchas cosas en común con ella, como el apellido compuesto y el guión copulativo, cuando resulta que ha tenido que ser en Estocolmo donde se ha descubierto que la verdadera identidad de Vitoria-Gasteiz no reside en un signo de puntuación, sino en un color: El verde. Y ha tenido que ser en Suecia donde se han despejado las dudas sobre la capitalidad de Vitoria, que no es ya solo capital de Álava o de la CAV, sino que es Green Capital europea por un año. Como diría Iñaki Cerrajería, ¡menudo subidón de clorofila!
Erpin