viernes, 22 de octubre de 2010

A VUELTAS CON EL GPS DEL PNV


Dicen los sabios peneuvólogos, como Santiago de Pablo, Ludger Mees y Rodriguez Ranz,  que la historia del Partido Nacionalista Vasco se resume en la teoría del péndulo; pero no de un péndulo al uso, como el de Foucault o el de Newton, sino de un péndulo patriótico. 
Lo difícil del tema es saber en el momento actual, hic et nunc, dicho sea en lengua latina, dónde, puñetas, está la bolita o la bolie - De Juana dixit- del dichoso péndulo.
Pues bien, a ese apasionante tema de física pendular y política cuántica voy a dedicar la ultrafísica columna de hoy. Porque en los últimos tiempos, osease, desde que abandonó su casa de Ajuria-Enea, la trayectoria del PNV ha cambiado de rumbo y a día de hoy no sabemos muy bien si la política pendulona del peneuve va en el sentido adecuado. Veamos. El primer dato científico al respecto del que tenemos datos fidedignos, registrado en decibelios, fueron los abucheos y silbidos dirigidos al PNV el día que se sumó, a última hora y así como de costadillo, a la manifestación de Bilbao en defensa de todos los derechos políticos y sociales. Aquello hizo mucho daño en el PNV, por lo que cabe deducir que el abucheo superó los 140 db (decibelios) considerados como el umbral del dolor humano.
El segundo dato, de signo contrario, ha sido la negociación de Urkullu con Zapatero en La Moncloa que ha permitido la aprobación de los presupuestos generales del Estado para 2011 y la estabilidad del gobierno, a cambio de un puñado de transferencias, que, como el péndulo, están pendientes desde hace muchos años.
En esta coyuntura los programadores del mappy de la Izquierda Abertzale lanzaron al PNV el siguiente dilema geopolítico: ¿Hacia dónde quieres programar tu GPS, hacia La Moncloa o hacia Euskal Herria? 
Pero el PNV, cuya brújula –las brújulas son así- siempre mira al norte, ha resuelto el dilema, y no se ha cortado ni un pelo, programando su GPS a los dos sitios. De esta manera las dos almas gemelas del PNV, univitelinas en ocasiones y bivitelinas en otras, han llegado a una solución de compromiso: “Tú a Boston y yo a California” -le ha dicho Iñigo Urkullu a Joseba Egibar, lo que en román paladino quiere decir: “Tú vete a Gipuzkoa -ahora ya se puede escribir así- a lidiar con los chicos de la izquierda abertzale, mientras yo me voy a Madrid a ver si saco algo de mi amigo Zapatero.
Así que ha ido Egibar a Gipuzkoa con su encíclica Batu gaitezen bajo el brazo a evangelizar a la Izquierda Abertzale en defensa de todos los derechos, incluido el derecho a decidir, y los indómitos abertzales le han respondido que lo primero que tiene que decidir el PNV es hacia dónde encamina sus pasos, porque el derecho a decidir se limita a Gipuzkoa y en Bizkaia el único derecho a decidir que defienden los nacionalistas es el de dónde colocar el Gugghemheim II, mientras en Navarra se limita a viajar arropado bajo las siglas Nabai y en Álava-Araba bastante tiene con aguantar desde la diputación el chaparrón por el caso De Miguel.
En estas circunstancias no falta quien acusa al PNV de traidor a Euskal Herria. Pero al mismo tiempo tampoco falta quien aplaude el papel del PNV como traidor a Euskal Herria, en el sentido de que es el único que se ha traído cosas para el País Vasco. Ahora mismo de una tacada se ha traído 20 competencias del Estatuto atascadas en las cañerías de La Moncloa, la presencia de Euskadi en las reuniones en la UE del Ecofin, unas cuantas inversiones que se salvan del recorte, algunos eurillos para los estudios previos del Guggenheim en Urdabai, el cambio de denominación oficial de los territorios de Euskadi y algún otro acuerdo secreto del que desconfía la Izquierda Abertzale y, por motivos muy distintos, también la derecha extrema.
Y el PNV, en su papel de traidor, se ofrece a la Izquierda abertzale: ¿Qué quieres que te traiga, que voy a Madrid?
Erpin

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