Hace unos años vi una ocurrente pintada que decía “Txakurrak GALgoak dira”, lo que en su segunda acepción significaría algo así como “Los polis son del GAL”. Me ha venido a la cabeza en plena ebullición mediática de la Operación Galgo. Sin embargo, no es del apasionante tema del GAL, puesto otra vez de actualidad por Felipe González, de lo que quería hablar hoy, sino de algo mucho más etéreo y sublime a la vez como es la relatividad del tiempo. Porque la Operación Galgo, aun sin pretenderlo sus autores, ha servido para dar nueva luz a la paradoja de Zenón; ya saben, la de Aquiles y la tortuga. Decía el bueno de Zenón de Elea que, si el espacio fuera infinitamente divisible, el veloz Aquiles jamás alcanzaría a la lenta tortuga. Pues bien, lo de la Operación Galgo ha sido más difícil todavía. Porque ha sido la Justicia, cuya lentitud es al menos equiparable a la de la tortuga, la que ha dado alcance a Marta Domínguez, comparable en velocidad a la de Aquiles, el de los pies ligeros. Y con ello ha quedado demostrado igualmente que la tradicional parsimonia judicial puede convertirse sin comerlo ni beberlo en súbita diligencia.
Pero volvamos al tiempo, a ese tiempo que se nos hace eterno cuando esperamos a alguien y “solo un momentito” cuando nos esperan. Y vamos entrando ya en materia, porque resulta que todo el mundo parece haberse puesto de acuerdo en que a la Izquierda Abertzale se le está acabando el tiempo. La cosa es más o menos así: Se lanza la idea de que ETA tiene que sacar un comunicado antes de Navidades. Mejor dicho, no un comunicado sino el comunicado, con mayúsculas, donde declare “un alto el fuego unilateral, permanente y verificable” en palabras de Brian Currin. Pero se acercan las Navidades y el ansiado comunicado no llega y la sociedad se impacienta y los periódicos meten presión y los políticos hablan, que es lo suyo.
Así Ramón Jáuregui ha dicho que la ruptura “fehaciente” de la Izquierda Abertzale con ETA y su posterior comprobación “requiere tiempo”. José Antonio Pastor, a su vez, abundaba en esta misma idea: Batasuna ya no tiene tiempo de hacer “todo el recorrido” para poder estar en las elecciones de 2011. Hasta la secretaria general de LAB, Ainhoa Etxaide ha llamado a ETA a cerrar “con urgencia” el ciclo de la violencia. Del mismo modo, el líder de EA, Peio Urizar, pedía la declaración del alto el fuego “ya”, para que sea entonces el Gobierno el que tenga que demostrar la “voluntad de avanzar” en un proceso “que llevará un tiempo”. La propia ETA dice en su último boletín interno que “El tiempo pasa y los márgenes se están estrechando para todos”. Y sin embargo, hay quien no tiene ninguna prisa. Es el caso de Basagoiti que propone una espera de cuatro años antes de que la Izquierda Abertzale pueda acudir a las urnas. “Los conversos a la cola –dijo éste- Que esperen un poco, que ya les hemos esperado nosotros demasiados años”.
Y a partir de aquí comienzan las conjeturas ¿Aprovechará ETA la Nochebuena para entonar su “Noche de Paz, Noche de Amor”? ¿Lo hará coincidir con el día de los Inocentes que tan imprevisible ha sido tradicionalmente en el Parlamento Vasco? ¿Aprovechará para ello el partido Euskadi-Venezuela del día 29? ¿Esperará acaso al día de Reyes para confirmar su cambio definitivo de rumbo? En fin, en cualquiera de los casos sería sin duda un gran regalo navideño.
Pero suponiendo que así fuera ¿Permitirá acaso el consorcio PP-PSOE la presencia abertzale en las urnas? ¿Promoverá una vez más Rubalcaba la ilegalización de Batasuna? ¿Intervendrá la Justicia nuevamente para prohibir las listas herederas de otras formaciones ilegalizadas? Y la Izquierda Abertzale ¿Esperará hasta el último momento a presentar listas y estatutos limpios con la intención de dificultar así la labor de la Justicia?
Es el escenario más probable. Pero, en fin, la Operación Galgo ha demostrado que el sistema político-judicial puede, si quiere, romper la barrera del sonido, desafiar las leyes de la física y resolver las más complejas paradojas filosóficas. Porque, si algo ha quedado meridianamente claro, es que la tortuga de la Justicia, sobre todo en el espacio potencialmente divisible del País Vasco, puede alcanzar sin esfuerzo al mismísimo Aquiles, el de los pies ligeros. Erpin (17-12-2010)
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