viernes, 3 de diciembre de 2010

LA ECONOMIA ES PERSONAL


            En los días previos al encuentro Barça-Real Madrid, que terminó, como todos ustedes saben, con una sonora derrota del equipo madrileño, el partido no se publicitó como un duelo entre dos equipos de fútbol o entre dos entidades deportivas, sino como un duelo entre individuos: Cristiano versus Messi, Alonso versus Xabi y, sobre todo, Mouriño versus Guardiola o Mou versus Pep, que suena mucho más íntimo y personal. Este desmedido interés por vender el partido como un reto entre dos entrenadores, dos generales de sus respectivas escuadras, o a lo sumo entre dos de sus abanderados, lo que en el caso de Ronaldo le va al pelo,  es como si la batalla de Waterloo se resumiera en un enfrentamiento personal Wellington versus Napoleón o como si la Guerra de Troya fuera solo un combate entre Héctor y Aquiles.
Pues bien, independientemente de lo que este reduccionismo propagandístico implica de desprecio hacia el trabajo de la veintena de jugadores que saltaron a pelear en el césped del Camp Nou, lo que más me llama la atención de esta súbita revalorización del factor individual en un juego colectivo, como el fútbol, es que en otros apartados de la vida, como el de la gestión política y económica, más bien se tiende a ocultar el factor individual bajo el amparo de la abstracción impersonal.
Conceptos abstractos como la France, Euskadi o la Ciudad son sustantivos colectivos que no se sabe muy bien a quién comprende y que raramente descienden al plano individual. Palabras como la patronal, el empresariado o la administración son entes lejanos en los que la responsabilidad de cada sujeto se diluye tras ese complejo engranaje burocrático y conceptual. En ese marco impersonal es muy fácil no echar la culpa a nadie o echársela a todos, como cuando se acusa a la etérea Administración de las largas listas de espera en medicina, de la pérdida de valores del alumnado o del “vuelva usted mañana”
Él último gran hallazgo semántico al que culpar de todos los males, y concretamente de la crisis económica que padecemos, son los mercados, así, en plural. Mosquea ya de inicio que se descarte la palabra en singular, el Mercado, a no ser que con ello se quiera desterrar cualquier atisbo de crítica a la entronizada Economía de Mercado; aunque también es posible que sea solo una moda que se inició con las políticas, sean éstas de empleo, de igualdad, activas o sociales. En fin  ¿Por qué se huye de la palabra Política, en singular, tal como la pudo entender Aristóteles?
Pero volvamos a los mercados. Ahora la culpa de todo la tienen los mercados. Por culpa de los mercados baja la bolsa, aumenta la deuda y desciende la confianza. Lo mercados son los responsables del recorte del sueldo a los funcionarios, de la congelación de las pensiones, del paro del 20% de la población, de la disminución del consumo, de la baja actividad empresarial, del aumento del IPC, de la subida del recibo de la luz e incluso de la muerte de Viriato.
Cuando el otro día veía la foto -¿foto de familia?- de Rodríguez Zapatero sentado a la mesa con treinta y siete presidentes –cuarenta nos habrían recordado a Ali Babá- de las mayores empresas del País, me preguntaba con inquietud si alguno de los allí presentes o todos ellos no tendrían algún tipo de relación de amistad o de familia con esos mercados que tienen la culpa de todo. Sin embargo, la prensa los retrataba como si fueran los Caballeros de la Tabla Redonda que son nuestra última tabla de salvación para recuperar el Santo Grial de la confianza y de la prosperidad económica.
He visto estos día la exposición del fotógrafo Eugene Richards titulada La Guerra es personal. En ella se veía la realidad de las personas muertas, heridas o mutiladas en la guerra de Irak; en ella se percibía el sufrimiento de los soldados y el de sus familias.
También la Economía, y en concreto la crisis, es personal y, como la guerra de Irak, está dejando miles de damnificados a nuestro alrededor, pero aquí ni siquiera tenemos un Madoff en el que descargar nuestra ira. Aquí nos limitamos a aguantar estoicamente la ofensiva pertinaz y caprichosa de los mercados. Erpin 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Haz aquí tu comentario, crítica, aportación, escrito, ocurrencia o lo que quieras. Un poco de crítica, sobre todo si es negativa, le viene bien a un columnista