viernes, 10 de diciembre de 2010

LOS CUATRO CERDITOS, CAPERUCITA Y EL LOBO


La cosa no está para cuentos, lo sé, pero me acojo a la cercanía de la Navidad para contarle, entrañable lector, un cuento que espero reciba con renovado espíritu navideño. De igual modo espero que acepte el adjetivo entrañable, que le dedico,  sacado de mi fondo de armario semántico precisamente para estas entrañables fechas. Y el cuento comienza así:
En un país tan lejano, tan lejano, tan lejano que estaba a cuatro manzanas de distancia, nada más cruzar el parque, vivían tres cerditos, o quizás fueran cuatro, que eran felices comiendo las bellotas que caían del viejo roble. Los tres cerditos, que eran efectivamente cuatro, se llamaban Portu, Ireland, Greece y Spain y pertenecían a la familia PIGS, de profunda raigambre británica.
Un buen día, cuando la caída de la hoja anunciaba ya los rigores del invierno, el mayor de los hermanos dijo que cada uno de ellos debía construir una casa para protegerse del frío invernal. Dicho y hecho. Greece,  a quien todos llamaban Grecia, decidió construir una casa de paja, que nada tenía que ver con aquella otra que resistía los embates del tiempo en la acrópolis de Atenas. Recogió unos haces de paja del campo y enseguida terminó la obra.
-Es preciosa –dijo. Y salió a jugar.
Por su parte, Ireland, a quien en adelante llamaremos Irlanda, apiló unas cuantas ramas del bosque y construyó una bonita casa de madera, muy del estilo nórdico. Hizo primero la puerta, luego las ventanas y unos días después tenía una linda cabaña donde tomar una pinta y pasar la noche.
-Es magnífica- dijo. Y salió a jugar.
Portu, cuyo nombre completo era Portugal, buscó piedrecillas entre los acantilados y tras mezclarlos con arena los utilizó para hacer los muros y el tejado de su hogar. Era una casita pequeña y acogedora que le protegería de los vientos de poniente.
-Es colosal- dijo. Y salió a jugar.
Finalmente, Spain, el hermano mayor, empezó a amontonar ladrillos y más ladrillos. Llenó de ladrillos playas y acantilados y luego se hizo un adosado en Torrevieja.
-Es grandioso- dijo. Y salió él también a jugar.
Pero llegaron las lluvias, llegaron las nieves y un lobo feroz se presentó en la casa de Grecia. El lobo, como habrán adivinado, se llamaba Cris, o Crisis para ser más exactos. 
-¡Ábreme la puerta! –dijo con voz metálica
-No, no te abriré.
-Entonces, soplaré y soplare y tu casa derribaré.
Y el lobo Cris sopló tres veces y la casa de Grecia cayó.
Corrió entonces el cerdito; corrió y corrió y fue a refugiarse en el castillo de Fräulein Merkell, la llamada Caperucita Azul.
Entonces, enfurecido y resentido, el insaciable lobo feroz acudió a la cabaña de Irlanda.
-¡Ábreme la puerta!
-No, no te abriré.
-Pues, soplaré y soplaré y tu casa derribaré.
Y el lobo sopló tres veces y la casa de Irlanda también cayó.
Corrió entonces Irlanda, muy a su pesar. Corrió y corrió y fue a refugiarse también en el castillo de Fräulein Merkell, la llamada Caperucita Azul.
Frustrado y derrotado el feroz lobo, y deseoso de saciar su insaciable apetito, se ha quedado ahora haciendo guardia delante de las casas de Portugal y Spain.
En fin, tampoco éstas querrán abrirle la puerta, pero el lobo soplará y soplará y sus casas derribará. 
Acudirán entonces ambas al Castillo de la Caperucita Azul y ésta, mudada la color, y Roja de ira les expulsará de sus dominios.
Pero al Lobo Cris ya no le interesan Portugal y Spain; ahora hace guardia ante el castillo de  Fräulein Merkel y no descansará hasta que se coma a Caperucita. Y colorín  colorado este cuento no ha hecho más que empezar.
Y así durante estos entrañables días de Navidad comeremos, alegres, turrones El Lobo; compraremos, ilusionados, billetes del cerdo de San Antón; jugaremos al Gordo de Navidad, si Doña Manolita no hace huelga; nos reuniremos en familia, si no hay huelga de aeropuertos, pero un mal día de enero descubriremos con horror que el cerdito de la hucha se ha quedado en los huesos y que el Lobo de la Crisis se ha comido nuestros ahorros y ha devorado nuestras entrañas.  

Erpin (10-12-2010)

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