viernes, 25 de marzo de 2011

NUESTRAS VIDAS SON LOS RÍOS

            Lo ha dicho el presidente de la región de Murcia y vicepresidente del comité europeo de las regiones, Don Ramón Luis de Valcárcel.: “Los ríos son de todos los españoles”. Y lo ha dicho para felicitarse de que el Tribunal Constitucional haya fallado que ni el Guadalquivir es de los andaluces ni el Duero, de los castellano-leoneses. Está visto que a Valcárcel le va más la política que la geografía, porque hay unos cuantos ríos que son de españoles y lusos, o de españoles ilusos.
Vete tú a decirle, por ejemplo, a un lisboeta que el Tajo no es suyo o que las viñas de las que nace el oporto no se riegan con el agua del Duero. Eso sin hablar de que el Miño o el Guadiana son frontera natural entre España y Portugal. Y, por si fuera poco, ahí está el Garona que es de españoles y galos, ya que nace en tierras hispanas y muere en la Gironda francesa tras pasar toda su vida en el país transpirenaico.
Pero incluso la visión geográfica del asunto se queda corta, como muy bien puso de manifiesto un señor, llamado Heráclito, que hace mucho tiempo afirmó que todo fluye y que nadie se baña dos veces en el mismo río. Y, en efecto, no hay más que ver el ciclo del agua para concluir que el mundo entero es un gran acueducto, que discurre por tierra, mar y aire, y que el agua que lleva es de todos los habitantes de la tierra, por más de que a muchos no les llegue.
            Por eso, aunque nos pille muy de lejos, no deja de preocupar que el agua corriente de Japón, que efectivamente corre, esté contaminada por la radiación que emana de la Central Nuclear de Fukushima. Así que cada vez que veo que echan agua del mar desde helicópteros y lanzan grandes chorros para enfriar la central japonesa, me da por preguntarme a dónde irá toda esa agua que ha estado en contacto directo con el reactor dañado.
            Y para los que el asunto les quede lejos, es necesario recordar que Fukushima es hermana gemela de Garoña, central ésta última que, para que se hagan una idea, está a tan solo 64 kilómetros de Vitoria. En efecto, Fukushima y Garoña son como dos gotas de agua: Vinieron al mundo a la vez, en 1971, comparten el mismo ADN de la casa General Electric, tienen una potencia similar, son de agua en ebullición y presentan el mismo tipo de contención. Lo que pasa es que como en el film “Tu a Boston y yo a California”, una se fue a las costas de Japón y la otra prefirió quedarse en las cercanías de Miranda.
            En fin, los amos de Garoña no cesan de decirnos que es una central muy segura, por cierto, lo mismo que decían los amos de Fukushima, y nos repiten una y otra vez que aquí no hay terremotos, que se trata de una energía barata, que no hay problemas con los residuos, que… por si fuera poco, hasta hay un videoclip en la red, el rap de Garoña, en el que los trabajadores de la central se dedican a cantar sus excelencias.
Lo más curioso del caso es que el director de Mantenimiento de las unidades 1-4 de Fukushima Daiichi estuvo en junio en Garoña para compartir experiencias. Que Dios nos pille confesados. Porque, aunque existe un plan de emergencia nuclear de Burgos, PENBU, y ha habido algún simulacro de evacuación, al parecer, la experiencia no ha sido muy satisfactoria. Hoy algunos alcaldes de la zona I, de un radio inferior a 10 kilómetros, y de la zona II, inferior a treinta, no saben muy bien qué tendrían que hacer en caso de desastre atómico.
Porque la central burgalesa no es de los burgaleses, ni de los alaveses, riojanos y vizcaínos que están bajo su influencia. Es de todos los vascos, de todos los aragoneses, de todos los catalanes, de todos los españoles y de todos los habitantes del planeta. Y el Ebro que la baña, y que la refrigera, da de beber a Miranda, Logroño, Zaragoza, Tortosa y Pernambuco.
Pero en realidad lo único que es de todos son los residuos y los efectos de un desastre nuclear como el de Japón, porque los beneficios económicos, y deben de ser muchos, son de compañías como Nuclenor, participada por Endesa e Iberdrola, o de Tepco, en el caso japonés, las mismas que nos dicen que no hay que decidir en caliente, que hay que dejar enfriar el asunto y que hay que esperar a que las aguas vayan a su cauce.
Erpin (Publicado el 25-03-2011)

viernes, 18 de marzo de 2011

EL TIEMPO ENTRE COSTURAS

            Un viejo chiste de la apacible época franquista –Oreja dixit- lanzaba esta malintencionada pregunta “¿En que se parecen Franco y un sastre?” Y la respuesta al oído, porque en aquellos tiempos sin libertad de expresión hasta las paredes oían, era: “En que a la hora de tomar medidas los dos nos tocan los cojones”. 
Ahora ya no hay sastres ni costureras, pero, cada vez que Zapatero adopta un nuevo paquete de medidas siguiendo el patrón marcado por Merkel, no puedo evitar pensar que aumenta la hinchazón en el paquete social. Pero, no es del paquete de medidas que tocan al bolsillo del que vamos a hablar en este tiempo entre costuras, sino del aparato jurídico y mediático que se ha tejido en torno a la política antiterrorista. Y ha tenido que ser precisamente el Lehendakari Patxi López el que ha tenido que llamar la atención sobre los excesos de esta política textil. Lo hizo en Londres donde acudió para dar una conferencia en la London School of Economics y sus palabras no pudieron ser más clarificadoras: “Hay cosas –dijo- que he visto en los papeles de la Abogacía del Estado que están muy cogidas con hilos”.
La importancia de sus palabras es mayor, si cabe, ya que ese mismo día se ponía en el escaparate mediático un nuevo modelo pret a porter de la fábrica antiterrorista, según el cual el comando Otazua pretendió volar en 2010 las torres KIO, las mismas que ya había derribado cinematográficamente Torrente, el brazo tonto de la Ley,  y matar también al Lehendakari López con un rifle de mira telescópica. Lo curioso del caso es que el propio Patxi López no quiso dar demasiada importancia a la noticia, acaso porque sabe muy bien que él era un objetivo prioritario de ETA, como lo eran tantos otros líderes políticos solo por el hecho de pensar diferente, o acaso también porque la filtración de la noticia en ese preciso momento no era sino un hilo más del ovillo antiterrorista.
El caso es que Sortu, para no verse atrapado aún más en la madeja mediática, se vio en la necesidad de hacer público su rechazo ante las “presuntas planificaciones” para atentar contra Patxi López así como frente a los episodios de kale borroka ocurridos en Vitoria y Portugalete “con independencia de su autoría”. 
Sin embargo, a Zapatero esto no le bastó y se reafirmó en que la nueva formación abertzale tendría dificultades para ser legal mientras “ETA siga viva”. Y en estas estamos, con un PSOE que da dos puntadas del derecho y una del revés.
La del revés le ha tocado a Jesús Eguiguren que en un artículo de opinión no da puntada sin hilo: “¿Acaso –se pregunta- no se ha visto obligado Zapatero a tomar determinadas medidas sabiendo que eran costosas, pensando en el futuro del país? En cambio, en materia antiterrorista creo que ha optado por no molestar a la derecha” Y añade: “El clima de alarmismo y presión a la que se está sometiendo a la opinión pública, y a fin de cuentas a los tribunales, sobre una posible legalización de Sortu, sembrando argumentos demagógicos y temores falsos, es una irresponsabilidad”. Y una puntada más: “Por mucho ruido que se haga para ocultarlo ningún político serio que conozca el País Vasco puede negar que Batasuna ha optado por el adiós a las armas y que eso nos lleva antes que después al fin de ETA”. Y remata su texto con esta preciosa cenefa: “Decía Machado que ‘los invisibles hiladores de los sueños eran dos, el torvo miedo y la verde esperanza’ que, aplicando a nuestro caso, podrían ser el pulso firme y la mano tendida”
En eso precisamente está el Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo quien, tras validar por unanimidad la Ley de Partidos, ha condenado al Estado Español en dos ocasiones por no investigar casos de supuestas torturas y ahora le vuelve a condenar por haber encarcelado a Otegi, quien en el ejercicio de la libertad de expresión llamó al rey “jefe de los torturadores”.
En fin, incluso en este tiempo de remiendos, pespuntes y costuras los argumentos con hilvanes acaso cuelen en España, pero ya no cuelan en Europa.
Erpin (Publicado el 18-03-2011)

viernes, 11 de marzo de 2011

CULTURA SE ESCRIBE CON C

            La letra C ha sufrido muchísimas agresiones externas e internas a las que trata de enfrentarse con energías renovadas. El primer ataque contra la C procede del propio alfabeto ya que comparte grafía con otras compañeras. Sabido es que la C cuando se presenta acompañada de la e y la i suena ze o zi, como sucede en zénit o zigzaz, y cuando va de la mano de la a, o y u, suena ka, ko, ku, como kárate, koala o kurdo, lo que de algún modo la hace una letra prescindible. Pero los ataques a la c vienen también de fuera. Ahí están los fans de la kontra kultura que quieren expresar de modo gráfico su desacuerdo con la Cultura Oficial, ahí están también los grupos de música kañera que quieren transmitir en la grafía la fuerza de su música y ahí están sobre todo los okupas que han desalojado a la C de la casa antes de okuparla. La última amenaza a la C, y de paso a la Q, procede del lenguaje de los móviles: Kari, kdms a ls 4, Ok? TKM, kiss,  lo que se traduciría como “Cariño, quedamos a las cuatro ¿De acuerdo? Te quiero mucho. Besos”
            En Euskadi, que es la tierra de la K por antonomasia, la C ha sido condenada al ostracismo, por el sencillo motivo de que en que en la lengua éuskara, que lleva la K en su raíz, la letra C tiene una presencia testimonial. Esto lo ha visto muy bien, por ejemplo, Alfonso Ussia que con el fin de criticar el uso del euskara, catalán y gallego en el Senado le ha dirigido a “Zapatero Joseba Koldobika”, así le llama, un texto en Euskara  con mucho usía,  plagado de Kas, o sea con profusión de la letra K. Selecciono una pequeña muestra de su ingeniosa misiva: “Senatoriak sozialistak, senatoriak katalanuak, senatoriak komunistuak, ridikuloak aundi. «Amá, aitá, amatxo, aitatxo, amona!... ¡Ene maite Tzontzoles!”
El caso es que, como la C solo existe en Euskara para hacer referencia a palabras castellanas, los tres modelos lingüísticos bilingües son el A, el B y el D, lo que no puede ser nada bien visto por periódicos como el ABC, o su sucursal en Euskadi que inicia con la C su nombre.
En fin, han sido tantas las ofensas que ha recibido la humilde C, la letra que la Constitución, de Castilla, del Cid Campeador y de Corazón Corazón; son tantas las ofensas recibidas, digo, que ahora está siendo desagraviada con creces con el Cambio que, en palabras de Patxi López, ha llegado para quedarse.  
Tanto es así que la Consejera de Cultura ha suscrito un Contrato Ciudadano por las Culturas, un CCC que recuerda demasiado a aquella academia de estudios a distancia que desde tiempos inmemoriales prepara para sacarse el graduado o para especializarse en belleza y moda.
Tan pomposo título reúne todos los mitos de la actual Consejería: habla de ciudadano, un término muy caro al socialismo vasco, habla de culturas, así en plural, copiando esa extraña moda que habla también de políticas, también en plural, con lo bonita que es la Cultura y la Política  en singular. Y luego añade lo de contrato que tiene algo de mercantilización de la Cultura.
            En fin, la lucha por devolver a la C el lugar que se merece ha llevado a la Consejería de Cultura a crear el CVC, el Consejo Vasco del Euskara, entre cuyos miembros figura Jon Juaristi que no se ha caracterizado precisamente por defender la K del Euskara. La misma moda ha llevado a ETB a insertar en su parrilla un programa de no demasiado éxito que se llama, cómo no, Capital Cultura y a Sanidad a bautizar el servicio médico telefónico como Contact Center.
En honor de la verdad se debe decir que la reconquista de la C comenzó en Barakaldo o  Baracaldo, con el BEC. Aquello fue una punta de lanza, que curiosamente no vino de las tierras de Castilla sino de la pérfida Albión, pues fue el inglés del Reino Unido el que dio nombre al Bilbao Exbition Centre. Y ahora que la Capital de Euskadi, Vitoria-Gasteiz, quiere hacer un gran auditorio, con sala de exposiciones y palacio de congresos para el que solo cuenta con los limitados recursos del municipio, ya le ha puesto un nombre en el que la C no podía faltar, BAIC, esto es,  Bussines & Arts International Center. Observen que el de Vitoria es Center como el de Sanidad con clara influencia americana frente al de Bilbao que es Centre, más a la europea.
En fin, a este paso próximo está el día en que gritaremos Gora Euscadi Ascatuta.
Erpin (Publicado el 11-03-2011)

viernes, 4 de marzo de 2011

ORTOGRAFÍA IDENTITARIA

            Un sufrido compañero en mis partidas de mus se llama Everardo, y se llama así porque así lo bautizó el cura y así lo apuntó su padre en el registro, aunque todos los que le conocemos, vete a saber tú por qué, le llamamos Sixto. Y Sixto se ha quedado. Conocerán ustedes seguramente otros casos similares en el que el nombre oficial no se corresponde en absoluto con el nombre real. Y de eso es de lo que vamos a hablar hoy, porque a vizcaínos, guipuzcoanos y alaveses nos han cambiado el nombre oficial en el BOE, que es algo así como nuestra pila bautismal.
Ahora los tres territorios históricos vascos se llaman Álava/Araba, Bizkaia y Gipuzkoa gracias a un acuerdo entre el PNV y Zapatero beneficioso al parecer para ambas partes: Yo te ayudo a cambiar la ortografía, que es cosa de los de letras, y tú me dejas sacar las cuentas adelante, que es más de los de ciencias. En fin, yo te apoyo en los discursos y tú me apoyas en los recursos. Trato hecho.  
Pero no todos están conformes con el trato. Los que limpian, fijan y dan esplendor a la Ortografía Patria, los que preservan la unidad ortográfica nacional han puesto el grito en el cielo. Porque España se está rompiendo por culpa de la ortografía. Y es que los signos ortográficos son también símbolos de identidad. Ahí está la letra Ñ, esa N con sobrerito, que junto al toro de Osborne es uno de los símbolos de España. Tal es así que al plan E de Zapatero también le han puesto el sombrerito protector. Por su parte, Catalunya presume de identidad en esa LL que lleva un puntito en medio y los países nórdicos lucen esos circulitos encima de las letras que no sabemos si son el sol de media noche y los franceses y el Barça lucen esa C con rabito que llamamos cedilla. Lo de Euskadi es diferente. No tenemos una letra identitaria propia, salvo esa E caprichosa que llevan en la matrícula los coches de la Ertzaintza, pero nuestra identidad ortográfica se construye más por negación, declarando la guerra a la V en beneficio de la B, a la C en beneficio de la K y a la Y Griega en beneficio de la I latina. El nombre de Bizkaia es prototípico ya que representa el triunfo definitivo sobre la V, la C y la Y Griega. Del mismo modo, el nombre oficial de Gipuzkoa supone la victoria de la G sonora sobre la sorda sin ayuda alguna de la U.
Más complicado desde el punto de vista ortográfico es el nombre oficial del territorio alavés que como sabéis es Álava/Araba, porque conserva las dos ortografías, la castellana y la vasca, eso sí, siempre por este orden. Lo mismo sucede con su capital Vitoria-Gasteiz, pero hay una importante diferencia. Mientras en la capital las dos denominaciones están unidas por un guión, en el territorio lo que une o separa, que no se sabe muy bien qué es, a Álava de Araba es una barra inclinada, tal que así /, que se va a convertir de facto en el signo identitario de los alaveses.
No sé a quién se le habrá ocurrido ni porqué lo de la barra, pero para los próximos presupuestos propongo que nos llamemos oficialmente Álav@raba que está más condensado, ahorra letras y es más moderno y digital. 
Pero mientras no llegue ese día los alaveses llevaremos la barra con orgullo como los estadounidenses las barras y estrellas. Y así, a los alaveses ya no nos llamarán patateros, entre otras cosas porque cada vez hay menos patatas, sino los de la barra, y no los de la barra de pan, la barra del bar, la barra de labios o la barra invertida, sino los de la barra ortográfica inclinada a la derecha. Y a los de Vitoria-Gasteiz no nos llamarán babazorros, entre otras cosas porque apenas hay habas, sino los del guión, y no los del guión heráldico, ni el guión cinematográfico, ni el guión bajo, sino los del guión de toda la vida.
En fin, tampoco me importa demasiado cómo nos llamarán, porque yo a los guipuzcoanos les seguiré llamado Guipuchis o Giputxis y a los de Donosti (sin la A) les llamaré cariñosamente ñoñostiarras con esa Ñ tan española, y a los de Bilbao les seguiré llamado bocheros, faroles o bilbainos, sin acento ni hiato alguno, o simplemente de Bilbao.
Porque mi amigo Sixto, oficialmente Everardo, me ha demostrado con su ejemplo que hay una gran distancia entre el nombre oficial y el nombre real.
Erpin (Publicado el 04-03-2011)