Miro hacia atrás sin ira, echo la vista a la campaña electoral y me pregunto qué he sacado en limpio de ahí. Porque pienso que de las campañas hay que sacar siempre algo en limpio. Al menos, según mi experiencia, así ha sido hasta ahora.
Al principio, nada más venir la democracia, me dedicaba a ir a los mítines de todos los partidos y aquello era una auténtica fiesta. No había servicio de orden y hasta te dejaban intervenir. Eran años en que solía pedir el programa de cada partido y, si tenía tiempo, me dedicaba a subrayarlos, compararlos y hacer anotaciones. Era aburridísimamente divertido. Pero la fiebre juvenil aquella pasó pronto.
Luego, cuando mis hijas eran pequeñas, siempre conseguía, con el pretexto de que era para las niñas, caramelos, con o sin palito, y globos de colores atados a una cuerda. Recuerdo que mis hijas, con la inocencia que da la infancia y el pluralismo global que los adultos hemos perdido, lucían globos del PSOE, PP y PNV, todos juntos en animada compañía. Más tarde, era yo mismo el que me dedicaba a pasar por los stands de los partidos para coger insignias, llaveros, encendedores y, sobre todo, bolígrafos de los diferentes partidos, que, aunque escribían igual de mal, saciaban mi afán acaparador. Por aquella época ya había caído en la cuenta de que eso es lo único tangible que se podía sacar de las campañas electorales.
Una vez, incluso, en una txozna del PNV me invitaron a un pintxo de tortilla y un vino. Fue una campaña memorable. En otra ocasión me dieron una camiseta, no recuerdo bien de qué partido, pero creo que no he llegado a ponérmela ni una sola vez, ni siquiera en la intimidad. Lo que casi todos los años he traído a casa, eso sí, es alguna rosa roja, que, más que lema floral del partido socialista, se ha convertido en mi caso en un rito y un símbolo de la campaña electoral.
Pero este año ni flores, ni globos, ni bolígrafos, ni pintxos de tortilla. Y mira que lo he intentado. Lo que pasa es que esta vez no me he detenido en minucias y me he centrado en la caza mayor. Porque he visto que lo que ahora se estila es hacer almuerzos-mitin, meriendas-mitin y cenas-mitin. Y, claro, yo me he arrimado a alguno de esos gastronómicos mítines a ver si caía algo, pero me he dado cuenta de que es más fácil colarse en una boda; porque, aunque nadie te conozca, siempre habrá quien piense que vienes de parte de la novia. En cambio, vas a un mitin-merienda del PP, pongamos por caso, y, si alguien te pone mala cara, ¿Cómo vas a decirle que vienes de parte del PSOE?
En una palabra, he llegado a la conclusión –errónea, por cierto- de que en esta campaña electoral, por primera vez desde la instauración de la democracia, no he sacado nada en limpio.
Y, sin embargo, me pongo a reflexionar –que ahora el día de reflexión es después de las elecciones- y veo que sí, que, como no podía ser de otro modo, también en esta campaña he sacado algo en limpio. Les extrañará, quizás, pero me he dado cuenta de que durante la campaña tengo más tiempo libre. Y ¿Saben por qué? Porque los periódicos me duran menos. Leo la portada, veo alguna noticia local, me detengo en alguna otra de internacional, consulto el programa de la tele y todas las páginas de campaña -que si Rajoy ha dicho esto, que si Zapatero le ha contestado lo otro- me las salto. Y, claro, así termino el periódico en un pispás.
Porque, durante la campaña, los periódicos tienen la sana costumbre de poner todas las noticias electorales bajo un mismo epígrafe, elecciones 22-M, por ejemplo, y, si no te interesa, puedes pasar página. Es toda una ayuda. Lo malo viene después, cuando se termina la campaña y aparecen las noticias mezcladas con la propaganda. En ese caso es muy difícil separar el grano de la cizaña y muchas veces tienes que leer todo el artículo para ver si es gato o liebre.
Así que, ya puestos, no me importa que venga otra campaña electoral, esa que el PP se empeña en adelantar en Madrid y no aquí, y no me importa, porque así voy a disfrutar de más tiempo libre. Y porque pienso sacarme la espina de no haber estado en ninguna cena-mitin de esas.
Erpin (Columna publicada el 27-05-2007)
Erpin (Columna publicada el 27-05-2007)