viernes, 4 de febrero de 2011

LA HERENCIA DE ZAPATERO
 
            Me da pena Zapatero, qué quieren que les diga. Meterse con él se ha convertido en  deporte nacional. ¿Que hace frío? La culpa, Zapatero ¿Que llueve? La culpa, Zapatero ¿Que hace meses que no ligo? La culpa, Zapatero ¿Que pierde el Madrid? Cómo no, la culpa es de Zapatero. Esta externalización de la culpa de todo en Zapatero me recuerda un poco, salvando las distancias, a aquellos años del franquismo, en que culpábamos al Régimen de todo, de nuestra educación judeocristiana, de nuestros fracasos amorosos, de nuestras frustraciones personales y, por su puesto, del mal tiempo que con mejor o peor fortuna anunciaba el meteorólogo oficial, Don Mariano Medina.
            En fin, me pongo en la piel de Zapatero y aunque me cuesta un poco, porque no tengo su altura ni esas cejas tan seductoras, me da la impresión de que el hombre lo está pasando mal. Y no me extraña, porque sus tres grandes metas políticas se han ido una detrás de otra al garete. ¡Cuánta ilusión puso, por ejemplo, en el anterior proceso de paz en Euskadi! Y mira el resultado, una bomba en Barajas terminó por matar aquella ilusión y nos dejó un Zapatero despechado, escamado y desconfiado ante ulteriores procesos. ¡Cuántas promesas hizo a los catalanes de que acataría la voluntad popular y respetaría el Estatut! Y luego, mira: Entre las presiones de la derecha centralista y el fallo del Tribunal Constitucional se han encargado de dejar el Estatut en la mitad de la mitad. Y finalmente ¡Cuántas esperanzas suscitó entre las clases más desfavorecidas sus bienintencionadas políticas sociales! Y resulta que, por obra y gracia del ladrillo, de los mercados, de la Merkel o del Destino, ha tenido que ser él quien adopte las medidas menos socialistas y más impopulares que cabía imaginar.
En esas condiciones, y sin entrar en los problemas personales que como todo hijo de vecino tendrá Zapatero, no es extraño que el hombre esté deprimido, confuso y desesperanzado. Tanto es así que los especialistas en desgracias ajenas ya han adelantado que el presidente está en fase terminal. Y ha bastado ese interesado diagnóstico para que los posibles herederos se arrimen al lecho de muerte para hacerse con la primogenitura socialista. El caso es que sin conocer siquiera el testamento del presidente, los expertos ya mencionan cuatro posibles herederos: Rubalcaba, Blanco, Carme Chacón e incluso Patxi López. Y a partir de aquí han empezado las insidias, las zancadillas, las quinielas y las campañas.
El grupo PRISA, por ejemplo, no puede ocultar su predilección por Rubalcaba, por ser el que mejor ha interiorizado aquel mensaje felipista de Gato blanco, gato negro, poco importa si caza ratones. En contrapartida, el grupo Mediapro, más cercano a las tesis de Zapatero, no disimula sus simpatías por Blanco o Chacón y defiende el nombramiento del sucesor en unas primarias y no por aclamación. ¿Y Patxi López? Patxi López parece haberse retirado prudentemente de la contienda, no sin dejar claro cuáles son sus preferencias: “Rubalcaba es un extraordinario cabeza de cartel” –ha dicho. Y ha dicho más, porque su admiración por el político cántabro es tal que hace unos días le juraba amor eterno: “Hemos pasado tanto juntos que eres un socialista vasco. Siempre estaré contigo”. 
Pero, en fin, pese a la gravedad de la situación de Zapatero, el último parte médico oficial dice que el enfermo ha experimentado una notable mejoría. La medicina del acuerdo con patronal y sindicatos sobre pensiones ha sido milagrosa. Ha conseguido levantar el ánimo del paciente y le ha devuelto las fuerzas “No es momento de hablar del futuro del PSOE –ha dicho con más o menos convicción- es el momento de hablar del futuro de España”  Y el pronóstico puede ser aún mejor si el presidente Zapatero consigue sacarse algún as de la manga, no sé, un cese definitivo de las armas por parte de ETA y la paz definitiva para Euskadi, por ejemplo. Aún así no es seguro de que Zapatero vuelva a ser el de antes y se vea con fuerzas y ganas de seguir al pie del cañón. Pero, lo que es indiscutible es que la herencia que legaría a su sucesor y al pueblo sería algo más asumible. Erpin

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