viernes, 4 de marzo de 2011

ORTOGRAFÍA IDENTITARIA

            Un sufrido compañero en mis partidas de mus se llama Everardo, y se llama así porque así lo bautizó el cura y así lo apuntó su padre en el registro, aunque todos los que le conocemos, vete a saber tú por qué, le llamamos Sixto. Y Sixto se ha quedado. Conocerán ustedes seguramente otros casos similares en el que el nombre oficial no se corresponde en absoluto con el nombre real. Y de eso es de lo que vamos a hablar hoy, porque a vizcaínos, guipuzcoanos y alaveses nos han cambiado el nombre oficial en el BOE, que es algo así como nuestra pila bautismal.
Ahora los tres territorios históricos vascos se llaman Álava/Araba, Bizkaia y Gipuzkoa gracias a un acuerdo entre el PNV y Zapatero beneficioso al parecer para ambas partes: Yo te ayudo a cambiar la ortografía, que es cosa de los de letras, y tú me dejas sacar las cuentas adelante, que es más de los de ciencias. En fin, yo te apoyo en los discursos y tú me apoyas en los recursos. Trato hecho.  
Pero no todos están conformes con el trato. Los que limpian, fijan y dan esplendor a la Ortografía Patria, los que preservan la unidad ortográfica nacional han puesto el grito en el cielo. Porque España se está rompiendo por culpa de la ortografía. Y es que los signos ortográficos son también símbolos de identidad. Ahí está la letra Ñ, esa N con sobrerito, que junto al toro de Osborne es uno de los símbolos de España. Tal es así que al plan E de Zapatero también le han puesto el sombrerito protector. Por su parte, Catalunya presume de identidad en esa LL que lleva un puntito en medio y los países nórdicos lucen esos circulitos encima de las letras que no sabemos si son el sol de media noche y los franceses y el Barça lucen esa C con rabito que llamamos cedilla. Lo de Euskadi es diferente. No tenemos una letra identitaria propia, salvo esa E caprichosa que llevan en la matrícula los coches de la Ertzaintza, pero nuestra identidad ortográfica se construye más por negación, declarando la guerra a la V en beneficio de la B, a la C en beneficio de la K y a la Y Griega en beneficio de la I latina. El nombre de Bizkaia es prototípico ya que representa el triunfo definitivo sobre la V, la C y la Y Griega. Del mismo modo, el nombre oficial de Gipuzkoa supone la victoria de la G sonora sobre la sorda sin ayuda alguna de la U.
Más complicado desde el punto de vista ortográfico es el nombre oficial del territorio alavés que como sabéis es Álava/Araba, porque conserva las dos ortografías, la castellana y la vasca, eso sí, siempre por este orden. Lo mismo sucede con su capital Vitoria-Gasteiz, pero hay una importante diferencia. Mientras en la capital las dos denominaciones están unidas por un guión, en el territorio lo que une o separa, que no se sabe muy bien qué es, a Álava de Araba es una barra inclinada, tal que así /, que se va a convertir de facto en el signo identitario de los alaveses.
No sé a quién se le habrá ocurrido ni porqué lo de la barra, pero para los próximos presupuestos propongo que nos llamemos oficialmente Álav@raba que está más condensado, ahorra letras y es más moderno y digital. 
Pero mientras no llegue ese día los alaveses llevaremos la barra con orgullo como los estadounidenses las barras y estrellas. Y así, a los alaveses ya no nos llamarán patateros, entre otras cosas porque cada vez hay menos patatas, sino los de la barra, y no los de la barra de pan, la barra del bar, la barra de labios o la barra invertida, sino los de la barra ortográfica inclinada a la derecha. Y a los de Vitoria-Gasteiz no nos llamarán babazorros, entre otras cosas porque apenas hay habas, sino los del guión, y no los del guión heráldico, ni el guión cinematográfico, ni el guión bajo, sino los del guión de toda la vida.
En fin, tampoco me importa demasiado cómo nos llamarán, porque yo a los guipuzcoanos les seguiré llamado Guipuchis o Giputxis y a los de Donosti (sin la A) les llamaré cariñosamente ñoñostiarras con esa Ñ tan española, y a los de Bilbao les seguiré llamado bocheros, faroles o bilbainos, sin acento ni hiato alguno, o simplemente de Bilbao.
Porque mi amigo Sixto, oficialmente Everardo, me ha demostrado con su ejemplo que hay una gran distancia entre el nombre oficial y el nombre real.
Erpin (Publicado el 04-03-2011)

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