viernes, 22 de abril de 2011

TENGO UN PLAN O DOS

No es fácil hacer predicciones. Y menos en primavera. El tiempo es cambiante y en abril,  aguas mil. Además este año la Semana Santa –No vuelve a haber otra tan tardía hasta el año 2038- se junta prácticamente con San Prudencio, que siempre ha tenido fama de meón. No es fácil, pues, hacer planes ni predicciones en estas circunstancias.
Yo, por si acaso, he previsto tres planes para estas santas y acuosa fechas. El plan A es marcharme unos días a las siempre acogedoras tierras gallegas, que cuentan, como ustedes saben, con muchos atractivos paisajísticos y gastronómicos. Ese es el plan, pero está pendiente de los designios de un selecto grupo de hombres y mujeres del tiempo que pueden tirarlo abajo. Porque si los meteorólogos anuncian mal tiempo y lluvias, pasaría al Plan B que en mi caso siempre mira hacia el sur, hacia las costas de Levante o Andalucía. Y si finalmente tampoco esto sale, porque empiezan a caer chuzos de punta y las cosas se ponen feas, dispongo de un Plan C –C de casa y C de crisis- que nunca falla, que es no salir a ningún lado y ver por televisión la larga serie de partidos entre el Madrid y el Barça.
Pues bien, en estos tiempos que corren, en que las predicciones sociopolíticas son más difíciles aún que las meteorológicas, todo el mundo baraja varios planes. Por ejemplo, la coalición internacional que optó por intervenir militarmente en Libia se presentó con un plan inicial o Plan A que no era otro que proteger a la población civil de los desmanes del excéntrico dictador Muamar Al Gadafi. La cosa parecía sencilla. Se lanzaban unos cuantos misiles inteligentes contra las baterías gubernamentales, se fijaba un límite de exclusión aérea y a otra cosa. Pero los chuzos y las bombas, por muy inteligentes que sean, siempre caen de punta y donde menos se esperan. Entonces se sacó el Plan B, que era una combinación de ataques aéreos, entrega de armas a los rebeldes y presión diplomática, pero como la cosa no termina de funcionar y el petróleo no está garantizado, ya se habla más o menos abiertamente del Plan C, que consiste en quitarse del medio al estrafalario caudillo Gadafi. Y si no funciona el Plan C, porque a Gadafi le salen amigos inesperados como José María Aznar, pues habría que inventarse nuevos planes hasta garantizar el suministro de oro negro.
 En estos lares, la izquierda Abertzale ha sido también un prodigio en el diseño de múltiples y variados planes políticos. Su maestría en las artes combinatorias ha dado lugar a la creación de innumerables siglas, marcas o sopas de letras que se materializaban luego en cientos de listas limpias, sucias o mediopensionistas. Por ello, muchos analistas preveían que ahora, de cara a las próxima elecciones locales, haría lo mismo: Un plan A con presos políticos y destacados miembros de Batasuna, un Plan B con una lista propia de personas “no contaminadas” y un Plan C en coalición o utilizando las siglas de otros partidos políticos legales.
Pero esta vez la Izquierda Abertzale nos ha decepcionado y dejado a la vez un poco descolocados, porque ha decidido jugárselo todo a una carta y poner todos los huevos en la misma cesta. O sea, la Izquierda Abertzale solo tiene un plan, el Plan (En euskara Plana, que no Plan A), aunque el PP dice que es el Plan ETA, que no Planeta.
La cosa consiste en presentarse en una coalición que bajo el paraguas de Bildu reúne a Eusko Alkartasuna, de la que se alejaron los escindidos de Hamaikabat; Alternatiba, que se escindió de la cada vez más desunida Izquierda Unida; Araba bai, que ha recogido a los escindidos de Aralar; y -last but not least- la Izquierda Abertzale, que está en trámites de separación de ETA.
Y ahora Bildu, con su único plan bajo el brazo y a pecho descubierto está pendiente de los designios de un selecto grupo de hombres y mujeres con toga que pueden echar por tierra todas sus ilusiones de salir a la escena pública. Porque la primavera la sangre altera y la política española está muy alterada últimamente. ¿Quién se atreve en estas circunstancias a hacer predicciones?
Erpin  (Publicado el 22-05-2011)        

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