viernes, 10 de junio de 2011

MOVER LAS CARTAS


La política es un juego; un juego de estrategia, de habilidad y, por qué no, también de azar. Y bastante azaroso, por cierto. Lo malo es que puede resultar un poco aburrido si siempre son los mismos los que barajan y no se cambian las reglas de juego. Y no solo aburrido, sino también indignante. Porque eso de que la partida sea siempre cosa de dos y que ambos se repartan alternativamente los juegos, llega a mosquear. De ahí que los jóvenes del Yes, we camp -que no Yes, we Camps- hayan decidido no participar en ese juego y campar a sus anchas.
Porque hoy la política española es un mero juego de damas –el ajedrez está muy por encima de sus posibilidades- donde unas veces ganan blancas y otras veces, negras. De vez en cuando, y para variar, se ponen a jugar al ratón y el gato, y, entonces, uno de los contrincantes puede obtener la mayoría absoluta, lo que le permite hacer solitarios durante cuatro años.
En algunos sitios, incluso, ni siquiera llegan a jugar la partida y lo apuestan todo al cara o cruz, como ha sucedido –valgan cuatro ejemplos- en el pueblo abulense de San Bartolomé de Béjar, en los pueblos granadinos de Lújar y Carataunas o en el pueblo alavés de Navaridas.
Sin embargo, el juego suele ser bastante más complicado en el País Vasco y en Navarra, porque en estos sitios suelen participar más jugadores y, en ocasiones, llegan a juntarse hasta siete u ocho contrincantes con posibilidades de triunfo.
Ahora bien, en la partida que tuvo lugar en Euskadi el día 22 de mayo solo quedaron cuatro jugadores con posibilidades de sumar algún juego: PP, PSE, PNV y Bildu. Ello configura un bipartidismo al cuadrado o, si lo prefieren, un cuarteto de mus, en el que se  pueden formar distintas parejas, atendiendo al eje nacional, al eje derechas versus izquierdas o incluso a un tercer eje de carácter transversal.
Pues bien, sin haber empezado siquiera el verdadero juego de cartas, PP y PSE expresaron ya su deseo de formar pareja de hecho. Y luego invitaron al PNV a jugar con ellos para impedir que ganase Bildu. Pero el PNV no terminaba de ver claro cómo podían jugar al mus tres contra uno. Por su parte, Bildu, queriendo acercarse al PNV, le ofreció su ayuda para que se anotase un buen tanto en Álava. Algunos observadores pensaron que la partida ya estaba montada: Nacionalistas contra Españolistas. Mientras tanto, Urkullu y Erkoreka se iban de “excursión” a Madrid para jugar al mus con Zapatero y Rubalcaba.
Y, en fin, sin conocerse aún cuál es el resultado de esas partidas madrileñas, hace unos días Urkullu lanzó un órdago: El PNV apostaría por sus propios candidatos en todas las mesas de juego, tanto municipales como forales. En fin, así no había modo de jugar al mus, ni de montar una partida decente. La pareja PP-PSE puso el grito en el cielo. Que eso era en la práctica caer en brazos de Bildu.y no sé cuántas cosas más. Los de Bildu, por su parte, tampoco estaban muy contentos y no se fiaban demasiado de Urkullu al que calificaban poco menos que de tahúr. Eso es al menos lo que cabe deducir del elogio gratuito que le dedicó Urizar en Radio Euskadi: “El PNV sabe jugar bastante bien las cartas”. 
El caso es que, un día después, Pastor anunció que, “si el PNV no volvía a la cordura”, ellos también votarían a sus propios candidatos en todos los tapetes institucionales. Ya ven, en fin, que aquí sentarse a jugar al mus –y no solo al mus- es una empresa poco menos que imposible. Eso sí, no te aburres. Aquí puede ganar cualquiera en cualquier sitio, lo que indudablemente da muchos alicientes al juego.
Pues bien, con este interesante panorama y, siempre que, fruto de las excursiones a Madrid, no se forme antes del sábado una pareja trasversal PNV-PSE –opción por la que sigo apostando y de la cual rendiré cuentas- los cuatro contendientes principales no tendrán más remedio que jugar al mus francés. ¿Qué no saben cómo se juega al mus francés? Pues, muy sencillo; es como el mus tradicional, con envites, órdagos y cosas de esas, pero con una importante ventaja: Cada uno juega para sí.
Erpin

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